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ALFONSO CHÁVEZ JARA
Nace en Villa La Unión, provincia de Chimborazo, el 5 de diciembre de 1956. De amplia actividad cultural. Comienza a distinguirse desde el colegio en calidad de dirigente estudiantil. Participa en varios eventos culturales a nivel local y nacional obteniendo triunfos para su colegio» el Maldonado. Luego en Quito, como estudiante de Jurisprudencia se destaca en la organización de movimientos culturales. Su poesía es reconocida y sigue cosechando lauros. Funda y dirige su propia Editorial "VIVAVIDA", cuya selección de poesías apareció con gran suceso, causando revuelo a nivel nacional e internacional.
Alfonso Chávez tiene una amplia experiencia en la creación, redacción, publicación y difusión de obras literarias. Sus experiencias en las revistas "La Pequeña Lulupa", "Diablo Huma" y "Pedrada Zurda" atestiguan su trabajo. Ha animado talleres de literatura. Ha participado en recitales en diferentes ciudades del país y de Colombia.
Su producción ha merecido comentarios favorables de críticos nacionales y extranjeros que califican a la poesía de Chávez como un fustigamiento a la conciencia, a la creación y a la situación social imperante. Atrevido en la creación y el manejo del lenguaje.
Pero hay más en Alfonso Chávez, una visión para dinamizar los procesos culturales y democratizar la cultura, llevándola a todos los niveles sociales, por eso su temprana muerte el 12 de noviembre de 1992, causa una frustración colectiva en la comunidad cultural del ecuador. Es Alfonso Chávez precisamente el suscitador del Taller de Literatura Sacapuntas que daría origen a la revista del mismo nombre.
Ha publicado: “Canto de Vuelo Firme”, “Inquilina Noche”, “La Medianoche Sacude la Memoria” y el libro póstumo “Instantes”.
Del libro póstumo “Instantes” / Poemas de vida
amor y muerte / CCE noviembre 1999
AMANTES
Trizar nuestros espejos
Romper las copas con los labios
de mármol que aparecen
cada ocasión amarga
Agarrarnos por dentro
creándonos edades ante la ficción
que desafía desde la realidad
Envenenar los ojos
Ensangrentar el aire
Ensayar con palabras de ácido
una pena culposa hasta gotear espeso
un río por el rostro
Fumarnos la pipa de la guerra
asistir al azote impune
de nuestros corazones
Danzar salina, quedamente
alrededor de los cadáveres
Ser pilotos de una nave
sin brújula y destino
Aladear la tristeza
aferrados a un retazo de vida
que pretenden dejarnos
Estallar el aire
con voltajes que nos sacuden
desde nuestras penas
Tachar un nombre querido
de nuestras libretas porque sí
porque ha muerto.
INSTANTE (4)
No encuentra razón para ponerse alegre
el preso liberado
sabe que las rejas tienen ese extraño poder
de cambiar de forma y continente
Mastica las últimas briznas
mientras camina al abismo
que le espera con un sobrio asesinato
nacido de sus manos
sin voluntad
ni sueños.
INSTANTE (5)
El sueño de las carabelas
sube por los peldaños turbios
(es la muerte)
responde del interior
un bosque de fogatas
amasando el metal
como quien vence al tiempo
(es el recuerdo)
El mar concuerda
con los cascos picoteando la tierra
hacia el crepitante vacío
que se agitará
en el arrepentimiento
(es el absurdo).
Avanza firme con las flores
implacable en los sueños
del jinete
HISTORIA CON PARAGUAS
Acomete los flancos
con sabiduría.
Bordea los símbolos
insistentemente
sin llegar a la esencia.
Practica el malabarismo
consustancial a las formas
de su tiempo vacío.
Deja la vida en el gesto
de las gigantes estatuas de sal
que construye con provecho
y sonríe
cuando la lluvia
vuelve líquidos flujos
sus sueños de grandeza.
INSTANTE (9)
Busca los recuerdos
en los contornos de la noche
como el piloto
que perdió los controles
en la tormenta.
Hay en sus ojos
una mezcla de sólido fuego
y caricias inconclusas;
más allá:
el agujero negro
de la muerte.
INSTANTE (10)
Con los pies invisibles
camina por el aire
No tiene la crudeza
de un alud crepitante
que habrá de sepultarnos
junto a nuestras esperas.
Tampoco es un albur
la piel que tanto quiero
ni los ojos hechizos cavilantes
entre la inocencia y el deseo.
Liviana
con las potestades
en el voltaje más alto,
camina por el aire
llamándome,
llamándome. |