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BIOGRAFIA DEL DR. LUIS ALBERTO COSTALES CAZAR Nace en Riobamba el 24 de diciembre de 1926. Estudios primarios: Colegio Santo Tomás Apóstol y Secundarios : Colegio San Felipe Neri. Con las mejores calificaciones obtiene los títulos de Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas, Licenciado en Derecho Internacional y Doctor en Ciencias Internacionales Universidad Central del Ecuador.
- Ex Vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho Internacional - Ex Concejal de Riobamba (en dos ocasiones) - Ex Consejero Provincial de Chimborazo - Ex Presidente del Consejo Provincial de Chimborazo - Ex Presidente del Centro Agrícola de Riobamba - Ex Profesor del Colegio San Felipe - Ex Rector del Colegio Pedro Vicente Maldonado - Ex Director Provincial de Educación de Chimborazo (en dos ocasiones) - Ex Director Regional del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social IESS Regional de Chimborazo. - Miembro de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión Núcleo de Chimborazo - Fundador y Presidente del Grupo ATENEO de Chimborazo - Presidente del Consejo Editorial de la Asociación de Escritoras Contemporáneas de Chimborazo. - Comentarista Histórico de Radio Bonita de Riobamba - Primer Premio Intercolegial Histórico-literario (1942) - Primer Premio Ínter universitario por la Declaración de los Derechos del Hombre (1950) - Primer Premio: Poesía Cósmica , Casa de la Cultura y Consejo Provincial de Pichincha (1982) - Primer Premio en Poesía : Instituto de Arte Moderno Libre, Quito (1993) OBRAS PUBLICADAS: - Cuadernos Culturales (1978) - Canto Cósmico (1982) - Antología Poética (Ateneo de Chimborazo) (1989) - Antología Poética (Ateneo de Chimborazo) (1994).
ALEGORIA Caminé de puntillas en el silencio, donde dormitaba la soledad velluda sobre acantilados lívidos; expulsados los recuerdos con su desnudez y fatiga sus cansancio de vació, claudicados al torrencial "nunca más".
en vano hice ruido mental contándole a mi carne fábulas descolgadas del tiempo, y de estrellas insertas en mapas buido de crepúsculos.,
Afuera: el sol corrió de mi ventana hacia el piafar de los árboles braceando sobre nubes inútiles que mutilaban las cimas, destapó los cárdenos puñales de la tarde.
Adentro: el tiempo reticente se adelgazó como pluma débil; y yo: como un ser de niebla abstracta, salido de un espejo amargo, de cristal envejecido, húmedo y frío.
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Puse la sien en los libros: "la tierra siempre verde", "estanque inefable": mensajeros legítimos de la vida, "nos inician en la fiesta de las formas".
Con ellos descanso de la batalla con los tizones del vacío; el pensamiento, vela al viento de asombros, me rescata en consciencia íntegra; y recobro la lealtad al resplandor de las cosas.
Leo a Carrera Andrade: converge mi fervor, escucho y siento la elocuencia de la vida activa; es imán alborozado de suelo sustancial: lamburda, flor y fruto; y del hombre ecuatoriano: bronce y arcilla derritiéndose en sangre lírica.
Ultrapoesía de Jorge Carrera, quien, subido sobre el festín del arco iris y la glorificada dinastía de las cimas, agita con esplendor de aurora antorchas genésicas de eternidades entre ventarrones cegadores y límpidas sinfonías. poesía bienaventuradas de excelencias, extraída de la bella tierra nativa para derramarle íntegra transfundida en júbilo en la cavilosa memoria de la patria y en la dimensión ilustre del universo
Me ansió cuerpo y alma; y su voz me llega profunda, me transparenta y levanta con un bello torbellino de metáforas pulidas en los vértices de la vida; me moldea para la sabiduría de la hermosura me dociliza con la sustancia elocuente del paisaje; me vence con el nardeal trato de las montañas andinas; donde hace presunciones la chirimoya con su "talega de brocado" "impide que gotee el dulzor de la nieve redonda"; la volcadura atolondrada del viento para el encuentro con el puma, el colibrí, la perdiz, el caracol; la puntualidad de la hoz y el jaguar para el rubio rumor del trigo, que "chupa el calcio" de este limo y se hace apto para "la arenga proletaria de la espiga"; los resoplidos de la jungla costera "olorosa a mango", sobornada por el machete montubio; la apostura solemne y ancha del río Guayas vestido de almirante; las exequias del mirlo por el último capulí.
Me siento dueño de la permanente juventud de este paisaje: tierra, signo y destino, donde hablan las rocas en puruhá y castellano del huiragchuro, la papa, la llama, el Chambo y el Chimborazo..., voy franco por todos los caminos pintados con rondador por los campesinos; transito por los valles, "donde prende el alba su reguero de gallos"; trepo a los árboles y torreones para mirar de cerca el estremecimiento de los astros, el formidable escándalo del rayo, la constante protesta de las cascadas; atrapo el asombro de colores la incansable fábula de las aves; apoyo mis fatigas en la pasiva inconsciencia del musgo; disuelvo mis pesares bajo la esbelta belleza del árbol; el alba limpia mi ventana y llega a mi sangre, en espendio sensual, el intacto rubor de los rosales; la fuente me entrega con largueza su núbil y risueña sonrisa, con ensalmos de frescura pía obra el milagro de resurrecciones y renueva mi fe; recojo de las colinas los resabios angélicos de las tórtolas; me quedo entre la tierra y el cielo columpiado por caprichos de viento poderoso o cuando rompo los lagos de claridades libérrimas sobre el osado lomo del corcel; soy sumido a las estrellas cuando bajan por escalones de cristal y ensayan en mis pupilas el don elemental del gozo; escucho los ecos de la inconsciencia en la virtud irrevocable de la lluvia; mis manos confidencian la simiente en el surco y van junto a los pasos del agua; la flor de la sal en plenitud de onda longeva se dobla al tacto de mis músculos, descubro la invencida música del Pacífico y enfundo mis anhelos con sus banderas azules; yazgo por mucho tiempo desnudo sobre la hierba, y su clamor de corimbo abraza mis ensueños; se emperla mi frente con el liviano beso del rocío llega en plena libertad a mi pulso el gobierno de la primavera, y del verano con festejo de levantar castillos junto a las fogatas de las luciérnagas.
¡Este es mi país!
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Porque soy de este pueblo profundo no vivo de las apariencias sino de la verdad. fui amamantado con inusada ternura y leche cristiana; en mis padres obró todo el vigor de esta tierra; levantaron mi nombre urgiendo aprisa de insomnios la simiente y la mies, palparon en su mayor excelencia la costumbre ancestral de la honradez, y la mirada sin tregua posada en la altura de la cruz. pongo en desbordada algazara mi digital inagotable en las rectilíneas calles de Riobamba, que me acredita posesión absoluta; busco su sombra polinizada de paz y luna para inscribir mi palabra menuda; reverente releo sus anunciaciones legendarias, los ensalmos generosos y heroicos, asibles con gemas de espíritu; releo para estar pronto a la ternura, a la amable latitud del ensueño, de la verdad y del orgullo. no hay distancia entre sus orígenes y el resumen torrentoso de mi sangre, entre las sienes pensativas de sus gentes y la explosión lumínica de mis sentidos, entre el bullicio auroral de sus torres y el opulento cultivo de mis pupilas, entre su imagen de orquídea abierta al firmamento y mi emoción nacida en el maravilloso follaje de su historia.
¡Este es mi pueblo! que me fluye dentro como río de encendidas olas, me señala rumbos, motiva mis tareas sin reloj; son hombres de brazo levantado y puño en rebeldía, tensos de entusiasmos franquean el porvenir, setenta veces siete fértiles a la nobleza. en el agua que bebo está el sudor de este pueblo y su alegría; en el aire que respiro la dádiva generosa de sus tradiciones y primicias; en la luz misántropa que me ciñe y abriga el unánime pulso proletario; en la fruta enternecida al paladar el apretado cansancio del labriego.
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Junto a la sabia compañía de Carrera Andrade, me pongo al filo del huerto y reparto por igual mis pupilas para arropar con blandura el último trino caído sobre el livor de las panojas, y la diminutez de la gramilla, huyente de las trombas voraces de la noche.
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